Cerebro y espacios educativos

Cada vez son más los centros educativos que se están «actualizando» incorporando pantallas en las aulas. Por otra parte, se empieza a ver una disposición del mobiliario que fomenta el trabajo en equipo, no solo en Educación Infantil. Sin embargo, ¿es esta la adaptación de los espacios educativos al siglo XXI?

La actualización de los espacios no puede centrarse y limitarse a la TICs. Al margen de este ejemplo evidente, surgen otras cuestiones anteriores a la tecnología que conocemos, y con una relevancia mayor: de qué manera nos afecta el espacio en el que nos movemos. Disciplinas como la publicidad y el marketing lo han estudiado y aplicado con fines comerciales, y la arquitectura tiene muy en cuenta la luz, los colores o los volúmenes para generar sensaciones concretas en los distintos espacios. Pero, ¿tanto nos influye el entorno? La ciencia dice que sí.

¿Qué es la neuroarquitectura?

Para entender de qué manera nos afectan los espacios a nivel emocional, cognitivo y social, se debe hablar de neuroarquitectura. La neuroarquitectura es una disciplina que estudia cómo el espacio arquitectónico afecta a nuestra cerebro, cómo puede mejorar el bienestar, aumentar nuestro rendimiento y reducir el estrés. Esto está relacionado con la percepción que tenemos del espacio, con lo que nos resulta agradable y lo que no, lo que nos es cómodo o lo que nos evoca recuerdos o sorpresa.

Estudios psicológicos (Vartanian et al, 2013, 2015) han probado que, ante la exposición de diferentes espacios, consideramos un entorno agradable y bello si es equilibrado en las formas y escalas, si nos evoca sensación de sorpresa y curiosidad y si es cómodo, proporcionando calidez. Esta percepción de lo «bello» está relacionada con los sistemas de recompensa, es decir, encontrarse en un espacio que cumpla las condiciones adecuadas nos puede generar, a nivel neuronal, una respuesta comparable con la que nos provoca ver una obra de arte, comer lo que nos gusta o resolver un reto. Este sistema de recompensa es imprescindible en el aprendizaje, ya que la motivación estará presente en tanto en cuanto esperemos una recompensa al realizar una acción. Se habla de recompensa desde el punto de vista neurobiológico (dopamina).

La influencia del entorno en la infancia va más allá de la percepción de un espacio agradable. El ambiente será el que brinde las oportunidades de aprendizaje y, por tanto, hay que diseñar el espacio educativo con arreglo a las necesidades cognitivas de los alumnos y alumnas. El primer cambio para actualizar la educación debe realizarse en los espacios, con arreglo a los fundamentos científicos que explican el desarrollo cognitivo de los niños y niñas, y, a partir de ahí y en paralelo, surgirán los cambios metodológicos reales.

¿Qué ocurre en nuestro cerebro en relación a los espacios?

Un espacio brinda unas oportunidad de aprendizaje u otras dependiendo de la edad. Por ello, es importante conocer cómo influye el entorno en el desarrollo cognitivo de los niños y niñas.

EL AMBIENTE EN LA INFANCIA

La función principal del Sistema Nervioso es moverse, siendo vestigio de la necesidad de desplazamiento para garantizar la supervivencia. Los subsistemas sensorial y emocional están al servicio del sistema motor (Berardi y Sale, 2019). Una evidencia de esto es el desarrollo de la visión, sobre todo la agudeza visual (distinguir los detalles), cuya evolución está relacionada con la experiencia visual que se tenga, principalmente, en los 5 primeros años. Cuando no hay dicha experiencia, las conexiones neuronales (sinápticas) son más débiles e impiden que se remodelen los circuitos, no seleccionan correctamente la información procedente de los receptores. Por tanto, que el niño o niña se desplace hace que comience a abrir su campo de visión y tener más experiencia visual. Ocurre lo mismo con el resto de sentidos o con el lenguaje, ya que debemos estar expuestos a un determinado código para poder adquirirlo.

Tanto la percepción como el lenguaje son la base del desarrollo emocional y social , por tanto, estar expuestos a estímulos que fomenten el desarrollo de todo esto será primordial para una evolución cognitiva eficiente, pero saber qué estímulos son adecuados y en qué medida, será lo que nos de las pautas para crear un entorno educativo óptimo.

Teniendo en cuenta que el ambiente será el que permita el desarrollo cognitivo, un ambiente enriquecido será aquel que fomente el desarrollo perceptivo (gnosias), el motor, el lenguaje, la interacción social y demás funciones cognitivas, pero también, recordando al sistema de recompensa, aquel que esté equilibrado, sea cómodo y motivante.

De todas las funciones cognitivas, las que están más íntimamente ligadas con el espacio físico de aprendizaje son las gnosias, las habilidades motoras, la interacción social, la atención y la orientación espacial.

GNOSIAS

Las gnosias suponen una interpretación de la información que llega a través de nuestros receptores sensoriales, por tanto, va más allá del mero registro, pues se le otorga un significado. Son la base de cualquier función cognitiva. Para saber más…

Para que se produzca un aprendizaje complejo y consolidado, la información que recibimos debe ser registrada por varios sentidos y estar expuestos distintas veces, ya que esto hace que se consolide. Por tanto, un espacio educativo enriquecido será aquel que brinde oportunidades para desarrollar gnosias, no sólo visuales, sino de cualquier tipo (auditivas, táctiles, olfativas, etc.). La naturaleza es el espacio más rico en cuanto a estímulos, de ahí que sea un lugar ideal para el aprendizaje.

LENGUAJE, SOCIALIZACIÓN Y MOTRICIDAD

El ambiente no sólo afecta al desarrollo perceptivo, sino que éste es la base de otros desarrollos igual de importantes, como el motor, el desarrollo social o el del lenguaje. Todos ellos relacionados entre sí. De ahí que, el espacio educativo debe brindar oportunidades de movimiento y juego para mejorar el desarrollo motor y, por tanto, el cognitivo. Debe brindar espacios para socializar, para compartir ideas y, por ende, desarrollar el lenguaje.

ATENCIÓN

Probablemente la atención sea la función cognitiva que más se pueda regular a través del espacio. Éste es el que brinda los estímulos, por lo cual, debemos conocer cómo afectan a nuestra atención. Un ejemplo de ello lo recogió John Meyers, en 2007, donde, con una muestra de 200 voluntarios a las que pidió que clasificaran deportes por categorías, comprobó que las personas que estaban en la sala con el techo más bajo optaron por clasificaciones más concretas, mientras que las que tenían techos altos hicieron clasificaciones más abstractas y creativas.

Por otra parte, las aulas excesivamente decoradas, lejos de ser una oportunidad en cuanto a estímulos, disminuyen la atención y concentración de los niños. Así lo demostraron Fisher, Godwin y Seltman, en 2014, mediante un estudio comparativo donde observaron que los niños/as que estuvieron en aulas poco decoradas aumentaron la adquisición del aprendizaje en más de un 10% con respecto al otro grupo y, además, al contabilizar el tiempo de distracción, éste era menor (en un 10%) que el que tuvieron los niños sobreestimulados.

Además, en 2007, Nancy Welles, psicóloga ambiental, comprobó que los niños entre 7 y 12 años mejoraban su capacidad de atención si tenían vistas de la naturaleza o de jardines, de manera frecuente.

ORIENTACIÓN

Esta función cognitiva influye en mucha de las otras. La orientación espacial permite al alumno o alumna situarse en el papel cuando escribe o desarrollar una caligrafía más armónica, también influye en conceptos tan abstractos como los números. Pero, además, puede afectar a componentes mucho más emocionales.

Los recorridos y la permeabilidad visual ayudan a favorecer la orientación y pueden generar en los alumnos y alumnas situaciones agradables con respecto al espacio. Los recorridos siempre serán los más cortos y directos, ya que favorecen la creación del mapa mental del lugar. Y el hecho de haber permeabilidad permite organizar mejor mentalmente el espacio, conocer dónde está cada espacio y localizarlo con mayor facilidad. Hay estudios que determinan la relación entre la forma del espacio y la percepción del mismo, reaccionando de manera diferente si nos encontramos con líneas rectas o con líneas curvas, estas últimas, más agradables, ya que evocan a la naturaleza. Por tanto, podemos deducir que los espacios por los que nos movemos deben ser rectos (por funcionalidad y «orden» mental) y el mobiliario debe tender a las líneas curvas, cuya estética favorece la creatividad.

¿Cómo deben ser los espacios educativos?

Derivado de lo expuesto anteriormente podemos decir que los espacios educativos deben tener las siguientes características:

1. MULTISENSORIAL. Fomentar el desarrollo de las gnosias es fundamental para tener un ambiente rico que estimule la cognición. Sin embargo, un ambiente con exceso de estímulos puede ser contraproducente para la capacidad de atención y concentración; de la misma manera, la luz artificial, empleada en numerosas «salas sensoriales» puede ser nociva para la visión. La naturaleza es el mejor escenario para ello.

Por otro lado, la estimulación auditiva ayudará a procesos como la adquisición del lenguaje, pero, además, puede mejorar la atención y la concentración. Para ello hay que utilizar música de fondo cuya frecuencia se encuentre entre los 12 y los 33 Hz (ondas beta). Para saber más…

2. COLORES. La psicología del color estudia la relación que existe entre éstos y las emociones que nos evocan. Los colores brillantes llaman nuestra atención, mientras que los que son más fríos o los pasteles ayudan a la concentración. Dependiendo del objetivo, se emplearán unos colores u otros, pero también está relacionado con la edad. Por ejemplo, para los niños y niñas más pequeños, los colores primarios suponen demasiada excitación, por ello pueden utilizarse en juguetes, pero habría que evitarlo en paredes o incluso en mobiliario. En términos generales el rojo excita, el amarillo estimula, el naranja da sensación de bienestar, el azul calma, el verde relaja…

3. LUZ NATURAL. Ésta no sólo es beneficiosa para la salud visual, sino que puede mejorar aspectos emocionales y favorecer la atención y concentración. Según Heschong Mahone Group, 1999, en un estudio hecho con 21000 estudiantes, se demostró que la mejora en las condiciones lumínicas aumentaba el rendimiento en pruebas de lectura y cálculo en más de un 20%.

4. NATURALEZA. Tal como se anticipaba, tener vistas a la naturaleza o al jardín mejoran la capacidad de concentración. Por ello, lo más óptimo es dar las clases en un jardín; tener vistas a él, si la primera opción no se puede, o incorporar la naturaleza al aula, teniendo plantas que ayuden, además, a desarrollar la autonomía y la responsabilidad en los niños.

5. RECORRIDOS RECTOS Y PERMEABILIDAD VISUAL. Los recorridos deben ser directos, ya que ayudan al desarrollo de la orientación. Lo mismo ocurre si tenemos permeabilidad visual, con numerosas ventanas, ya que lejos de parecer una distracción, facilita la localización rápida de los espacios y ayuda tener un «mapa mental» del espacio.

6. MOBILIARIO CURVO, A ESCALA Y FLEXIBLE. Uno de los requisitos para que el espacio nos resulte agradable es que sea equilibrado y cómodo, y esto está relacionado con la escala. Tener un mobiliario adaptado a las edades, no sólo mejora la comodidad, sino que ayuda a tener buena higiene postural y resulta agradable para ellos/as. Por otra parte, los espacios con las líneas curvas mejoran la creatividad por lo que es una buena oportunidad para potenciarla. Además, el mobiliario debe ser flexible en cuanto a su uso, distinguiendo los espacios para los distintos objetivos (lectura, trabajo en equipo, trabajo individual, taller, juegos, etc.). Un equilibrio entre los tres componentes nos dará la clave par el diseño del aula, ya que de nada sirve tener sillones muy curvos imitando juguetes que fomenten su motivación si no son ergonómicos y dificultan el desarrollo corporal.

7. ORDENADO Y CON SEÑALIZACIÓN Al igual que pasa con la estimulación sensorial o la influencia del color, el orden en el aula es fundamental para mantener la atención y la concentración de los niños y niñas. Además, el material y los recursos deben ser accesibles y tener un sitio concreto en el aula, para que puedan recurrir a ellos cuando lo necesiten. Por otra parte, la señalización de los espacios y los recursos, al margen de su utilidad, puede ser una buena oportunidad para trabajar la memoria visual, incluso en varios idiomas.

8. ACCESO AL CONOCIMIENTO. De la misma manera que adquirimos mejor un concepto si utilizamos diferentes vías receptoras (multisensorial), el acceso a la información es más rica si empleamos diferentes tipos de fuentes. Utilizar el ordenador como única o principal fuente es un error. Las aulas deben tener libros, no sólo de texto o de lectura (imprescindible si queremos fomentar la lectura por placer), sino de consulta, tipo enciclopedias, atlas, diccionarios, etc. Esto hace que los alumnos y alumnos aprendan desde pequeños a gestionar las fuentes de información, siendo más autónomos y críticos.

9. ORGANIZACIÓN DE LA INFORMACIÓN. La memoria es una organización y estructuración de la información, de ahí que categoricemos y empleemos mapas mentales o esquemas para facilitar el aprendizaje. Por ello, hacer mapas colectivos, donde los alumnos incorporen información no sólo ayuda a trabajar en equipo sino que favorece la adquisición de la información, sobre todo si es un proceso que dura en el tiempo (que no es cosa de un día).

10. MOTIVACIÓN INTRÍNSECA Y CREATIVIDAD. En cuanto a los recursos, lejos de tener el aula llena de juguetes o materiales para fines muy concretos, que terminan por usarse una vez y guardarlos en un rincón, este espacio debe brindar oportunidades de aprendizaje a toda la diversidad, por lo que es necesario emplear materiales sin limitación en su uso, que favorezca la creatividad y fomenten la motivación intrínseca, ya que será más fácil que todos los alumnos y alumnas encuentren algo que les guste. Bloques de construcción, plastilina, regletas, cubos y policubos, material fungible como cartulinas, ceras, roturadores, etc. o incluso juegos creados por ellos mismos.

Bibliografía


Berardi N, Sale, A. (2019) Ambiente, plasticidad y desarrollo cerebral. Madrid: Editorial El País.
Bourgeois, S. (2013). Genesis of the Salk Institute. University of California Press.
Elizondo A.M., Rivera, N.L. (2017). El espacio físico y la mente: reflexión sobre la neuroarquitectura. Cuadernos de Arquitectura. 7 (7), 41-47.
Fisher, A. V., Godwin, K. E., & Seltman, H. (2014). Visual Environment, Attention Allocation, and Learning in Young Children: When Too Much of a Good Thing May Be Bad. Psychological Science. 25(7), 1362-1370.
Heschong Mahone Group. (1999). Daylighting in schools. Fair Oaks, CA: Pacific Gas and Electric.
Montiel, I. (2017) Neuroarquitectura en educación. Una aproximación al estado de la cuestión. Revista Doctorado UMH. 2 (2), 6.
Tlapalamatl, T. (2019). La arquitectura producto del cerebro. Contexto. 23 (19), 61-72
Vartanian O., Navarrete G., Chatterjee A., Fich LB., Leder H., Modroño C., Nadal M., Rostrup N., & Skov M. (2013) Impact of contour on aesthetic judgments and approach-avoidance decisions in architecture. Proceedings of the National Academy of Sciences 110 (2) 10446–10453.
Vartanian O., Navarrete G., Chatterjee A., Fich LB., Gonzalez-Mora JL., Leder H., Modroño C., Nadal M., Rostrup N., & Skov M. (2015) Architectural design and the brain: Effects of ceiling height and perceived enclosure on beauty judgments and approach-avoidance decisions. Journal of Environmental Psychology 41, 10–18.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Buenos días , felicitaciones muy buena información, deseo más información.

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