¿Qué son?
Las funciones ejecutivas son las habilidades mentales complejas que permiten el control del pensamiento y del comportamiento para adaptarse al medio y alcanzar un objetivo final. Para alcanzar una meta, necesitamos planificar nuestras acciones, organizar el proceso, estimar y gestionar el tiempo de la tarea, revisar si lo que estamos haciendo es correcto o si nuestra conducta es la adecuada. De todo eso se encargan las funciones ejecutivas.
La primera que acuñó el término fue la neuropsicóloga estadounidense Lezak en 1982. Pero debido a la complejidad del término, así como a la generalización que se hace en sus definiciones, no hay unanimidad en cuanto a cuáles son concretamente las funciones ejecutivas. Dependiendo del autor y de lo que él considere como base teórica a la hora de definir el concepto, se estará refiriendo a unos procesos u otros. De hecho, se ha sobreexplotado el término, siendo cajón de sastre para abarcar un conjunto muy amplio de capacidades cognitivas.
TIPOS
Las funciones ejecutivas más definidas y útiles en la práctica educativa son:
- Atención. Capacidad que nos permite concentrarnos o derivar nuestra actividad mental hacia una tarea o estímulo concreto, obviando el resto de estímulos del ambiente. Será fundamental para el aprendizaje.
- Memoria de trabajo. Almacenamiento y manipulación temporal de la información para la realización de tareas cognitivas complejas. Es la que nos permite simultanear tareas. Se emplea en tareas como la lectura, la escritura o el cálculo.
- Planificación. Capacidad de fijar objetivos, estructurar las tareas para alcanzarlos y elegir las más adecuadas, anticipando consecuencias. Estructurar los procesos favorece aprendizajes más profundos, así como la automatización de las destrezas.
- Flexibilidad cognitiva. Habilidad de adaptación de nuestra conducta y pensamiento ante situaciones nuevas, inesperadas o cambiantes. Esto permite adaptarse a la vida real, aplicar lo aprendido a situaciones cotidianas y, además, es una herramienta que evita la frustración.
- Inhibición (o control inhibitorio). Capacidad para controlar reacciones impulsivas tanto a nivel atencional como conductual. Relacionado íntimamente con la atención, si no descartamos estímulos que no son necesarios o relevantes, no seremos capaces de concentrarnos en los que sí lo son. Las personas con TDHA tiene un bajo control inhibitorio.
- Toma de decisiones. Capacidad para elegir entre varias opciones, tanto en aspectos cognitivos como emocionales. Un buen control en la toma de decisiones favorece la mejora de la conducta, la optimización del tiempo y de los recursos a la hora de aprender o ejecutar una tarea, y, además, el control de la impulsividad, con todo lo que ello conlleva.
¿Qué áreas del cerebro se activan?
La principal área que interviene en las funciones ejecutivas es la corteza prefrontal, área anterior del lóbulo frontal, encargada del control y la supervisión de las acciones.
Tanto el control atencional como la memoria de trabajo, por su estrecha relación, se registran en el circuito frontoparietal. Es decir, interviene el lóbulo parietal, que se encarga de la información espacial para registrar lo que ocurre en nuestro entorno, y el lóbulo frontal, encargado de monitorizar y actualizar la información.
El proceso de planificación requiere de una buena ejecución de la memoria de trabajo, pero además, consiste en definir un objetivo, realizar un ensayo mental, aplicar la estrategia elegida y valorar si se ha conseguido o no. Por tanto las áreas que se activan son la corteza prefrontal dorsolateral derecha, relacionada con la memoria de trabajo; la corteza cingulada posterior, parte más profunda del córtex encargada de hacer de «puente» entre el sistema límbico o de las emociones y la corteza de control, y los ganglios basales, los que automatizan los procesos y movimientos, necesario para una correcta estructuración de nuestras acciones.

La flexibilidad cognitiva supone la habilidad de alternar entre distintos esquemas mentales, patrones o tareas en función de las demandas cambiantes del entorno, por tanto, se activa la corteza prefrontal dorsolateral (monitorización) y giro supramarginal (en el lóbulo parietal), muy relacionado con el lenguaje y los esquemas cognitivos.
En cuanto a la inhibición o control inhibitorio, se ejecuta al cancelar respuestas que son inapropiadas para las demandas actuales, algo así cómo un ensayo-error mental. Por tanto, para descartar dichas repuestas deben activarse la corteza prefrontal orbital y la corteza cingulada anterior (conexión con el sistema límbico por su relación con la recompensa de las respuestas).
Por último, en la toma de decisiones, vinculada a la emoción, además de activarse la corteza prefrontal ventromedial y dorsolateral para evaluar las opciones, se activa la amígdala (central de las emociones).
¿Cómo trabajar las funciones ejecutivas?
Existen numerosas actividades que permiten desarrollar las funciones ejecutivas. En la mayoría de los casos, cada tarea fomentará varias de ellas, por su estrecha relación. Se pueden realizar como rutinas o adaptarlas dentro de otras actividades, lo cual permitirá incorporarlas de manera diaria en el ámbito educativo.

- Atención. Sopa de letras, encontrar las diferencias, laberintos, puzzles, etc.
- Memoria de trabajo. Recordar la lista de la compra en un juego simbólico o el número de teléfono, juegos tipo memory, trabalenguas y adivinanzas, etc.
- Planificación. Puzzles deslizantes, seguir una receta, ordenar secuencias (textos o imágenes)…
- Flexibilidad cognitiva. Observar imágenes que representan dos ideas distintas, hacer clasificaciones (con tarjetas, objetos, etc.) atendiendo a diversos criterios, juego tipo «¿Quién es quién?»…
- Inhibición. Juego tipo «Simon says», tareas Go-noGo o cantar por turnos.
- Toma de decisiones. Juegos rápidos de balón o el ajedrez.
Bibliografía
- Becerra J. A. (2015). Funciones ejecutivas: valoración e instrumentos de medida en niños en edad escolar. En Procesos e instrumentos de evaluación neuropsicológica educativa (112-123). Secretaría General Técnica. Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.
- Carlson, N. (2005). Fisiología de la conducta. Pearson Educación.
- Gazzaniga, M. S. (Ed.). (2004). The cognitive neurosciences III. MIT Press.
- Mora, F. (2013). Neuroeducación: solo se puede aprender aquello que se ama. Madrid: Alianza Editorial.
- Portellano, J. A. (2005a). Cómo desarrollar la inteligencia y las funciones ejecutivas. Madrid: EOS.
- Portellano, J. A. (2005b). Introducción a la Neuropsicología. Madrid: McGraw Hill.
- Rodríguez, R., Toledo, R., Díaz, M., Viñas, M. (2006). Funciones cerebrales superiores: semiología y clínica. Revista de Facultad de Medicina, 7(2), 20-27.
- Smith, E. & Kosslyn, S. (2008). Procesos cognitivos: modelos y bases neurales. Pearson Educación.
- Sousa, D. (2019). Cómo aprende el cerebro. Barcelona: Ediciones Obelisco.
- Tirapu-Ustárroz, J. & Luna-Lario, P. (2008). Neuropsicología de las funciones ejecutivas. En Manual de neuropsicología (221-256). Viguera Editores.
- Tirapu-Ustárroz, J., Muñoz-Céspedes, J. M., & Pelegrín-Valero, C. (2002). Funciones ejecutivas: necesidad de una integración conceptual. Revista de Neurología, 34 (7), 673-685.
- Verdejo-García, A. & Bechara, A. (2010). Neuropsicología de las funciones ejecutivas. Psicothema 22 (2), 227-235.





