Es más que evidente que la palabra creatividad está cada vez más presente: en la educación, por supuesto, en la publicidad e incluso en el ámbito empresarial. Anglicismos como Design Thinking (Pensamiento del Diseño), nos dejan ver que pudiera existir una creatividad planificada, o que va más allá de la improvisación, y que puede aplicarse casi a cualquier ámbito. Pero, ¿sabemos realmente qué es la creatividad y como abordarla desde las escuelas?
El concepto de creatividad se ha relacionado tradicionalmente con actividades artísticas, musicales o con la literatura, y esto hace que se vincule de manera directa y, casi exclusiva, al ámbito artístico. Este concepto ha ido derivando hacia otras esferas, como se mencionaba anteriormente, partiendo de la idea de que la creatividad supone una proceso de producción de algo nuevo. Sin embargo, la creatividad es una de las conductas más complejas y supone mucho más que plantear algo innovador.
¿Qué es la creatividad?
Según Rodríguez-Muñoz (2011), la creatividad se define como:
«La capacidad que poseen las personas para producir ideas originales y, a partir de estas, originar materiales nuevos, tomando siempre como referente el contexto social en el que tienen ocasión esas innovaciones –las cuales, en definitiva, comportan la expansión de los campos conceptuales y estéticos preexistentes–” (p. 46).
Por tanto, la creatividad está relacionada con la resolución de un problema, con una nueva manera de solventarlo, y no, necesariamente, con la estética. Además, el contexto tiene un papel fundamental en el proceso, ya que nuestros aprendizajes y referentes serán los que nos den la «materia prima» para ese nuevo enfoque. Autores como Stenberg han intentado poner en pie el constructo. En 1988 dicho autor determinó los tres pasos a seguir en el proceso creativo:
PROCESO CREATIVO (Según Stenberg)
1. Reconocer que existe un problema.
2. Definir el problema.
3. Desarrollar la estrategia para resolverlo.
Por otra parte determinó que son seis los elementos que confluyen en el proceso creativo: inteligencia, conocimiento, estilo de pensamiento, personalidad, motivación y entorno; y, posteriormente, en 2006 incorporó un séptimo, la decisión. A estos elementos definidos por Stenberg debemos añadir un término acuñado por Kounios y Beeman (2014), el insight, ese fenómeno que sufrimos al darnos cuenta de algo de manera repentina, tras haber estado pensando en ello con anterioridad; esa comprensión súbita de la resolución de un problema.
ELEMENTOS DE LA CREATIVIDAD
1. La inteligencia, en donde destacan las habilidades sintéticas, para ver problemas de otra manera y escapar del pensamiento convencional; habilidades analíticas para reconocer qué ideas valen la pena y cuáles no, y habilidades prácticas para vendérsela a otros, dándole valor a la idea. Relacionado con el pensamiento convergente y con las funciones ejecutivas.
2. El conocimiento, pues es imprescindible saber lo suficiente sobre el campo en el que se trabaja. Relacionado con la memoria.
3. Los estilos de pensamiento, es decir, la manera de usar las habilidades. Emplear un estilo de pensamiento u otro supone decidir sobre cómo desarrollar las habilidades disponibles de una persona. Es decir, usar un pensamiento convergente o divergente, un pensamiento más analítico o más flexible, nos llevará a caminos distintos para resolver un mismo problema.
4. La personalidad. Numerosos estudios determinan que es necesario incluir los rasgos de la personalidad como elemento de la creatividad. Estos atributos influyen, pero no se limitan a la voluntad de superar los obstáculos, la voluntad de asumir riesgos sensibles, la voluntad de tolerar la ambigüedad y la autoeficacia. Esto está relacionado con la flexibilidad cognitiva, una de las funciones ejecutivas.
5. La motivación. Ésta no es inherente en la persona, sino que se decide ser motivado por algo o alguien. Aquí se puede incluir el último elemento que agregó Stenberg, la decisión. Uno debe tomar la decisión de usar la habilidad para ser creativo.
6. El entorno, necesario para propiciar y recompensar las ideas creativas. Relacionado con el sistema límbico, el encargado de regular las emociones.
7. El insight, que nos permite obtener la solución a un problema de forma espontánea y repentina, sin seguir un proceso analítico. Definido por Kounios y Beeman (2014).
Por tanto, podemos decir que existen dos estrategias diferenciadas: una sistemática y analítica (pensamiento convergente) y otra espontánea y repentina (pensamiento divergente).
¿Qué áreas del cerebro se activan al ser creativos?
Desde un punto de vista neurobiológico, la creatividad es un proceso difícil de determinar, en tanto en cuanto supone una serie de actividades cerebrales complejas que integran diversas funciones cognitivas y componentes individuales relacionados con el contexto y la experiencia (Rodríguez-Muñoz, 2011). A pesar de la complejidad, los avances en técnicas neurocientíficas y los estudios empíricos de las teorías de la creatividad, determinan, en gran medida, los pasos a seguir para analizarla a nivel neurológico.
Generalmente, la creatividad se relaciona con el área de asociación parieto-occipito-temporal y con la interacción de ésta y la corteza prefrontal, donde se realizan las funciones ejecutivas y de control. En las áreas de asociación se integran los estímulos provenientes del medio exterior y de otras partes de la corteza cerebral. Esto hace que la cantidad ingente de información analizada en dicha zona suponga un aumento de las conexiones interhemisféricas a nivel del cuerpo calloso (Dierssen, 2016), es decir, de la parte que une ambos hemisferios.
Para entenderlo un poco mejor, repasaremos el proceso de percepción. Los estímulos se registran en sus respectivas cortezas: la visual en el lóbulo occipital, la auditiva en el lóbulo temporal, la táctil y espacial en el lóbulo parietal. Esta información se relaciona entre sí (al ver un objeto, calculamos su volumen, calculamos la distancia a la que está de nosotros, podemos olerlo, etc.) y se conecta con la memoria para saber si la conocemos o no, o si conocemos algo similar.
En el proceso creativo, las áreas de asociación parieto-occipito-temporal trabajan al integrar continuamente la información de los estímulos (en el caso de observar, oler o tocar algo), pero también de lo que imaginamos, ya que tendemos a completar el concepto en cuestión, con toda la información que tenemos al respecto. Toda esa información la clasificamos, la organizamos, la reestructuramos y hacemos nuevas conexiones a través de las funciones ejecutivas (planificación, memoria de trabajo, atención, flexibilidad cognitiva …), es decir, mediante la corteza prefrontal.

De manera más concreta, al estudiar la atención en actividades de creación en base a objetos cotidianos para darle un nuevo uso, propio del pensamiento divergente, se ha determinado que se activan varias redes neuronales complejas. Al comienzo de la tarea, se activa la corteza cingulada posterior y el lóbulo parietal inferior, propios de los procesos de visualización e imaginación. Posteriormente, se activa una red de asignación o relevancia (salience network) que reorienta el proceso, identificando lo novedoso y relevante (ínsula anterior y corteza cingulada anterior), relacionada, por tanto, con la memoria semántica y que hará que se activen unas u otras redes. Finalmente, se produce la interacción entre la red por defecto (corteza parieto-occipito-temporal) y la corteza prefrontal dorsolateral, aquella que permite la autorregulación para focalizar la atención en la tarea (Beaty, Benedek, Barry y Silvia, 2015).
El proceso creativo, como se describía con anterioridad, puede desarrollarse mediante dos estrategias diferenciadas: el proceso analítico será regido por las funciones ejecutivas, mientras que el proceso más espontáneo es lo que se conoce como insight. El insight se sustenta en la asociación de ideas lejanas o no, en asociaciones nuevas, de ahí que surja de manera espontánea. Al analizarse mediante técnicas de neuroimagen se ha determinado que se activa principalmente el giro temporal superior anterior del hemisferio derecho (Jung-Beeman et al., 2004). Esto está íntimamente ligado a la flexibilidad cognitiva, habilidad de adaptación de nuestra conducta y pensamiento ante situaciones nuevas, inesperadas o cambiantes.
¿Cómo se trabaja la creatividad?
Todo lo expuesto con anterioridad está relacionado con un proceso, con un desarrollo del pensamiento, y no así con destrezas artísticas. Cabe pensar, por tanto, que para trabajar la creatividad hay que favorecer el proceso mejorando los elementos que repercuten en él.
Tanto si se analizan los elementos de la creatividad como las áreas cerebrales que se activan en el proceso creativo, tenemos que las funciones cognitivas más importantes son aquellas que están relacionada con la integración de estímulos (visuales, auditivos, táctiles…) y con las funciones ejecutivas (planificación, flexibilidad cognitiva…) . Por tanto, es imprescindible trabajar todo esto.

TRABAJAR GNOSIAS. Son la capacidad de elaborar, interpretar y asignar un significado a la información captada por los distintos sentidos del ser humano. Para aumentar la creatividad debemos empezar por aumentar la capacidad perceptiva, es decir, estimular la visión, el oído, el olfato, el tacto, etc. de forma que el área de asociación que integra la información recibida funcione de manera más eficiente. Cobran especial relevancia las gnosias complejas en el proceso de integración sensorial. Cómo trabajar las gnosias.
PONER EJEMPLOS. Estudiar y analizar ejemplos similares al problema en cuestión, ofertar al alumno material que tomar de referencia. Esto hace que se amplíe el conocimiento al respecto y, cuanto más variados sean los ejemplos, más efectivo será, ya que les permite desarrollar un pensamiento más flexible.
PLANIFICAR EL PROCESO. Más allá de tener mucho conocimiento o información, es necesario estructurarla, organizarla, es decir, planificar (función ejecutiva) el proceso. Utilizar técnicas de Design Thinking es un buen método para sistematizar el proceso creativo, es decir, desarrollar un pensamiento analítico que ayude a encontrar una solución. Ejemplos: Técnica de los seis sombreros, Diagrama de Espina de Pez, ¿Qué?¿Cómo?¿Por qué?, D.A.F.O, etc.
UTILIZAR MATERIAL EDUCATIVO CON OTROS FINES. Esto potencia la flexibilidad cognitiva, función ejecutiva primordial en todo proceso creativo. Emplear las fichas de dominó para realizar una construcción, por ejemplo.
VARIAS SOLUCIONES. Emplear actividades que tengan varias soluciones: laberintos con doble resultado (o Google Maps), problemas de operaciones combinadas con varias posibilidades, tareas abiertas donde el alumno decida cómo resolverlo (construir un puente para cruzar un río), etc. Se trabaja así la flexibilidad cognitiva.
SECUENCIAS Y CLASIFICACIONES. Además de trabajar la funciones ejecutivas como la planificación y la memoria de trabajo, si se establecen diferentes criterios, se potenciará la flexibilidad cognitiva Por ejemplo, clasificar las piezas según sus formas geométricas, después según su color, después según ambos criterios…
UTILIZAR STORY CUBES. Dados con diferentes imágenes que ayuden a crear y secuenciar una historia. Esto favorece la adaptación a una nueva información y la conexión con conocimientos para proponer algo novedoso, es decir, favorece la flexibilidad cognitiva.
Bibliografía
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