La música, así como otras artes, se ve cada vez más mermada en el currículum educativo, reduciéndose el número de horas lectivas, así como los cursos en los que se imparte la materia. Atribuida en muchos casos, erróneamente, a una actividad de ocio, hace pensar que los responsables de la legislación educativa hacen oídos sordos a todas las investigaciones científicas al respeto. No es misterio para nadie que la música tiene beneficios terapéuticos, emocionales, sociales y cognitivos.
Por otra parte, existen algunos mitos sobre la relación que se establece entre música y cognición o, lo que es lo mismo, entre música y cerebro. Con frecuencia se le atribuyen innumerables beneficios, surgiendo prácticas como «el efecto Mozart», que defiende los beneficios de escuchar su música para el niño/a en el útero materno o de bebé. Sin embargo, esto no está avalado por ningún estudio científico. Este error proviene de la confusión que existe entre las redes cerebrales que se activan al crear música y las que se generan al escucharla, siendo procesos distintos. Conocer ambos es fundamental para entender los beneficios de la música y también para entender de qué manera puede incorporarse a la rutina educativa diaria.
¿Qué es la música?
La música ha sido estudiada y definida desde hace miles de años. Pitágoras, el gran filósofo y matemático griego, fue el primero en estudiarla desde la ciencia. Otros pensadores como Rousseau, definieron el concepto, vinculándolo a la emoción o al placer. También se han establecido relaciones con el alma, el mundo interior o la felicidad. Ninguna de ellas se aleja de la realidad.
Podemos decir que la música es «el arte de combinar los sonidos en una secuencia temporal atendiendo a las leyes de la armonía, la melodía y el ritmo, o de producirlos con instrumentos musicales». Se incluye, por tanto, características o cualidades como el ritmo, la melodía (relativa al tono y el timbre), etc. y que, por tanto están muy relacionada con la discriminación auditiva, destreza fundamental en la materia.
Cuando un bebé escucha una canción cantada por su madre, reconoce su timbre, el ritmo, el tono y/o la intensidad y, con esas características, comenzará a identificarlo como música. La ciencia demostró que los seres humanos nacemos con un sistema innato de creación y de procesamiento de los sonidos (Maojo, V. 2018). La música, por tanto, es una habilidad innata al ser humano.
Las investigaciones sobre el efecto de la música (bailar, cantar o tocar un instrumento) muestran que hay mejoras en la memoria, el desarrollo del lenguaje, la coordinación física, la atención y el cálculo matemático, dependiendo de la actividad que se realice. Crear música es la actividad que aporta más beneficios, sobre todo, a largo plazo.
BENEFICIOS DE ESCUCHAR MÚSICA
Terapéuticos. Numerosos estudios han corroborado las mejoras en el alivio del estrés, ciertas discapacidades mentales, auditivas o trastornos relacionados con las habilidades sociales. La música afecta directamente al ritmo cardíaco, la presión sanguínea, la actividad de los músculos y mejora las conexiones entre las neuronas, utilizándose a menudo, como elemento de rehabilitación (Haslbeck & Bassler, 2018; Pearce & Christensen, 2012). La musicoterapia ha tomado un papel importante en los últimos años, por sus numerosos beneficios.
Cognitivos. El aumento de conexiones cerebrales, aumenta la eficiencia de los procesos mentales y, por tanto, del rendimiento cognitivo. Cada vez más estudios demuestran la relación que hay entre escuchar música y la mejora de la atención espacio-temporal, la concentración y la memoria (Pearce & Christensen, 2012).
Emocionales. La música es capaz de alterar nuestro estado de ánimo y esto está relacionado con las áreas que se activan al escucharla, el sistema límbico, área de las emociones.
Sociales. Históricamente, la música se ha empleado para lograr ciertos efectos, por ejemplo, en el ámbito religioso. Actualmente, cualquier evento de carácter social está acompañado por música y en ámbitos como el publicitario o el político, juega un papel disuasorio muy importante. Además, existen numerosas terapias con música que mejoran las habilidades de personas con autismo.
En cuanto a las ventajas de bailar, podría decirse que aúnan las de la escucha y las del desarrollo y la coordinación motora (ver Cerebro y psicomotricidad).
BENEFICIOS DE TOCAR UN INSTRUMENTO
Los efectos cerebrales de tocar un instrumento son realmente importantes y con un mayor potencial que la escucha activa. Estudios que comparan niños/as que sabían lenguaje musical con los que no, muestran que existen diferencias estructurales en el cerebro, sobre todo, en la época adulta, ya que la lateralidad difusa del niño diluye más las diferencias. Por tanto, la música es capaz de modificar el cerebro estructural y funcionalmente y, por tanto, debe verse como una oportunidad potencial y no como un mero complemento.
Terapéuticos y emocionales. De la misma manera que escuchar música produce beneficios terapéuticos y emocionales, la creación de música o tocar un instrumento, supone un proceso similar, pero con más beneficios a largo plazo.
Desarrollo motor-auditivo. La música es un estímulo multimodal, por tanto, supone la integración de información auditiva, motora y visual, lo que hace que se activen áreas más grandes del cerebro, se realicen procesos más complejos y, finalmente, se automaticen movimientos en base a patrones auditivos. Todo eso supone una mejora del rendimiento cognitivo.
Lingüísticos. Tanto música como lenguaje activan áreas cerebrales como el área de Wernicke, encargada de la comprensión del lenguaje, de la producción de la imagen mental de lo que oímos o vamos a decir. Estudios muestran como hay marcadas diferencias en este área entre los músicos y los no músicos. Por otra parte, la música mejora la discriminación auditiva, por razones obvias, lo cual, repercute en la adquisición de la lengua. A pesar de esto, existe un procesamiento dual de la información sonora, siendo procesos independientes pero muy relacionados.
Memorísticos. Se ha demostrado que la música mejora la memoria verbal y la memoria de trabajo. Estudios comparativos entre músicos y no músicos muestran diferencias significativas. Tiene sentido si vemos la relación que existe entre música y lenguaje. Por otra parte, el entrenamiento y práctica de un instrumento, requiere de la retención de información por un corto período de tiempo (memorizar notas, sonidos, patrones motores para hilar una melodía) y, por tanto, desarrolla la memoria de trabajo.
Razonamiento espacio-temporal. Tocar un instrumento mejora la capacidad espacio-temporal, pues supone la práctica de patrones motores (conciencia espacial) con arreglo a un ritmo (conciencia temporal). Un estudio demostró que la práctica durante 6 meses en niños de educación infantil, mejoraba esta capacidad en un 34% (Rauscher y Zupan, 2000).
Matemáticos. Por sus similitudes, las matemáticas y la música tienen una estrecha relación. Algunos conceptos comunes son los patrones, el conteo (influye en los ritmos) o las relaciones, proporciones y fracciones (relacionado con el tiempo, la figuras musicales, los compases, etc.). Estudios han demostrado una mejora significativa entre los niños que tocan un instrumento y los que no, en cuanto a las matemáticas proporcionales (fracciones, decimales, porcentajes…).
Creativos. La música per se, es un proceso creativo, en tanto en cuanto el cerebro procesa imágenes mentales que son evocadas por estímulos auditivos. Esto se incrementa si se toca un instrumento y se potencia mucho más si se crea música. Supone, por tanto, una mejora del pensamiento abstracto, del pensamiento divergente, aumentando nuestra capacidad para resolver problemas de manera creativa.
¿Qué ocurre en nuestro cerebro cuando escuchamos/hacemos música?
La música es el estímulo que activa más áreas del cerebro. Además, estimula a ambos hemisferios casi por igual. Los efectos de escuchar música o de tocar un instrumento son distintos, las redes activadas para esto último tienen un gran potencial para modificar nuestro cerebro.
ESCUCHAR MÚSICA
Al escuchar música, se activa el oído interno, donde se clasifica el sonido según la frecuencia y, en base a esto, se envía la información al córtex auditivo primario, en el lóbulo temporal. Se procesan características como el timbre, entre otras, y automáticamente, se busca en la memoria sonidos similares, activando el hipocampo (principal almacén de la memoria a largo plazo), estructura subcortical. Cuando ya hemos hecho un análisis de lo recibido y una comparativa con lo que sabemos, se activa el sistema límbico (amígadala, tálamo, hipotálamo., etc.).
El percibir un sonido como agradable o no, dependerá de muchas de las características que se registren de él y hay estudios que confirman que está vinculado a la relación matemática que existe entre las notas (intervalos). Además del procesamiento del sonido en sí, la interpretación musical es el resultado de muchos procesos que interactúan entre ellos y con otros componentes emocionales y motores (Maojo, 2018).

TOCAR UN INSTRUMENTO
Tocar un instrumento es un proceso más complejo, ya que implica que nuestro cerebro se active para leer una partitura, realizar movimientos específicos, mantener activa la memoria y la atención, identificar los tonos y controlar la afinación e incluso improvisar (Soria-Urios, Duque &García-Moreno,2011).
Con todos estos procesos, está claro que deben establecerse numerosas redes neuronales cuando tocamos música. Las principales áreas activas son la corteza auditiva, la corteza visual (para leer partituras), la corteza motora (para planificar el movimiento de los dedos), la corteza prefrontal (para el control del movimientos, la atención y el rastreo de errores), el cerebelo (encargado de los movimientos automáticos), el hipocampo (almacén de la memoria), las áreas de Broca y Wernicke (principales áreas del lenguaje) y el sistema límbico (amígdala, hipocampo, hipotálamo…). Por otra parte, el hemisferio izquierdo analiza la armonía como si fuera una lectura y el derecho procesa el ritmo y el manejo de las emociones.
Numerosos estudios han demostrado que los músicos tienen más desarrolladas áreas cerebrales como las auditivas (lóbulo temporal), las visuoespaciales (parietal) y motoras (frontal). Sin embargo estas diferencias se establecen a largo plazo, por tanto, tocar un instrumento en un período corto de tiempo tiene otros beneficios y efectos rápidos, pero sólo será con la práctica con la que se produzcan efectos significativos en el cerebro. Esto ha llevado a estudiar a los niños que empiezan a tocar un instrumento, descubriendo que desarrollan más las áreas sensoriomotoras, relacionadas con la percepción táctil, y el lóbulo occipital bilateral, es decir, la visión.
Pero la diferencia más significativa o de mayor repercusión es que los músicos tienen un cuerpo calloso más grande. Esta zona situada en la parte más profunda del cerebro es la que coordina las funciones de ambos hemisferios. Al realizar cualquier movimiento, la información de ambos lados del cuerpo debe ser coordinada por el cuerpo calloso. Tocar un instrumento requiere mucha precisión, ya que los movimientos son muy precisos y rápidos, y en ambas manos; por tanto, la coordinación de los hemisferios es fundamental. Cuanto más se toque un instrumento, mayores conexiones interhemisféricas se establecen y de mayor eficiencia, es decir, se crean más «puentes» de información, lo que mejora los procesos cognitivos, aumentando, además, la capacidad de memorización.
¿Cómo debemos enseñar música?
Más allá de tocar un instrumento, se pueden realizar numerosas actividades para mejorar cognitivamente con la música; aunque, como se ha visto, lo más importante es la práctica en el tiempo de las destrezas musicales. Por ello, incorporar rutinas diarias en el aula relacionadas con la música es totalmente imprescindible.
Algunas tareas musicales han conseguido mejoras en la atención focalizada, en las habilidades lingüísticas, en la memoria o las matemáticas. Conocer qué habilidades musicales trabajar y qué efectos producen es crucial para un buen aprovechamiento de la disciplina, a la vez que se aumenta la motivación del alumnado, clave en el aprendizaje.

ESCUCHAR MÚSICA DE FONDO. Saber elegir la música que acompañará a alguna tarea que requiera concentración es importantísimo, pues si no, se puede generar el efecto contrario. La música clásica relajante es un buen recurso para potenciar la atención y la concentración. Lo mejor es utilizar la música cuya frecuencia esté entre 12 y 33 Hz, ya que ésta es la que tienen las ondas beta, ondas cerebrales que permiten mantener atención y concentración. En plataformas como Spotify hay playlists para ello: Música Binaural.
GNOSIAS AUDITIVAS. Cualquier proceso perceptivo ayuda a mejorar la información que conformamos de los estímulos recibidos y esto hace que adquiramos una información más compleja, con la consiguiente mejora en los procesos cognitivos. Trabajar la discriminación auditiva es básico para mejorar las habilidades musicales, pero también para mejorar las destrezas lingüísticas. Algunas tareas pueden ser: adivinar el instrumento; señalar de dónde procede el sonido, con los ojos cerrados; distinguir sonidos (animales, del hogar, voces…), etc. Es imprescindible no sólo en los primeros años.
PATRONES RÍTMICOS. Memorizar patrones rítmicos mejoran la memoria auditiva; la orientación temporal, al regular el ritmo; así como, pueden potenciar la comprensión de los valores numéricos y las operaciones, al tener que «calcular» los tiempos de las figuras que componen el patrón. Si utilizamos el cuerpo como instrumento (chasquidos, palmadas, pisadas…), estaremos potenciando la activación del cuerpo calloso, al igual que cuando realizamos ejercicio físico.
MEMORIZAR CANCIONES. Las canciones pueden ser un buen recurso para aprender contenido de muchas áreas, ya que se memorizan con facilidad y pueden ser motivadoras. Debido a las cualidades del sonido, su tono, ritmo, timbre, etc., este estímulo es una información muy compleja, por lo que procesarla requiere más conexiones cerebrales y esto hace que se olvide con menor facilidad. Se ha demostrado que escuchar música con letra, mejora la memoria verbal.
BAILAR. Al igual que cualquier otra actividad física, bailar activa el cuerpo calloso y, por tanto, puede aumentar la capacidad cognitiva. Se recomienda bailar diariamente, ya que estas conexiones se consolidan si se repiten con frecuencia, es decir, para que los efectos cognitivos derivados de la activación del cuerpo calloso sean a largo plazo es necesario adquirir rutinas diarias que los consoliden. Además, realizar actividades kinestésicas mientras se trabaja contenido de otras materias, aumenta las probabilidades de pasar a la memoria a largo plazo.
TOCAR UN INSTRUMENTO. Como se ha visto, los músicos tiene diferencias significativas a nivel cerebral, con respecto a los que no lo son. Por tanto, la mejor manera de aprovechar el potencial de la música es con el aprendizaje de algún instrumento a lo largo de los años.
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