Cerebro y motricidad

Las atribuciones hechas a la actividad física tienden a centrarse en la relación, evidente, que hay entre ésta y la salud. A menudo, la justificación de la inclusión de esta disciplina en el currículum educativo tiende a focalizarse en esto, aludiendo, incluso, a la prevención de la obesidad infantil. Sin embargo, la actividad física supone una actividad mental de tal magnitud que, supondrá la base de un buen desarrollo cognitivo. Saber cómo se va adquiriendo el control motor, a qué edad y la repercusión que éste tiene en el aprendizaje, será básico para mejorar la enseñanza en cualquiera de las áreas disciplinares, trascendiendo más allá del área de Educación Física.

¿Qué es la psicomotricidad?

Para hablar de desarrollo motor debemos hablar de psicomotricidad. Esta palabra se forma con el sufijo psico- (relativo a la mente) y motricidad (relativo al movimiento del cuerpo). Por tanto, parece evidente que existe una dualidad entre lo que ocurre en la mente (psíquico) y lo que ocurre en el cuerpo.

En los primeros años de vida, los reflejos del bebé van dando paso a la percepción táctil, es decir, a la integración de la información registrada por la piel. Esta percepción es fundamental para garantizar la propiocepción, sentido que informa al organismo de la posición de los músculos y de su relación con el entorno, y el futuro desarrollo motor. La precisión que se adquiera en el sistema táctil determinará la capacidad de planificar los movimientos. Por tanto, es fundamental trabajar la percepción táctil en los primeros años de vida.

El desarrollo motor del niño/a comienza a partir del primer año, una vez que han inhibido esos reflejos primitivos. Para alcanzar un buen desarrollo se necesita autocontrol, lateralización y un correcto esquema corporal (Da Fonseca, 2008). Estos tres componentes serán los que nos den la clave de qué ocurre y cómo están relacionado con los procesos de aprendizaje.

PROCESO DESARROLLO PSICOMOTOR

1. El autocontrol o control motor se normaliza a los 4 años. Éste será prácticamente el mismo que el de un adulto, pero con menor rendimiento. A partir de ahí, se podrán desarrollar el resto de componentes.

2. La lateralización, que, a nivel motor, hace referencia al predominio por una parte del cuerpo (en ojo, oído, mano y pie), comienza a definirse entre los 5 y los 7 años, donde se afianza, pero no se consolida hasta los 10-12 años. En el cerebro se traduce en la especialización hemisférica, donde cada mitad del cerebro asume sus funciones de manera coordinada. Se observa, por tanto, la importancia que tiene esto en cualquier función cognitiva, ya que una correcta coordinación entre los hemisferios supone una mayor eficacia en cualquier tarea.
El desarrollo lateral no determina los problemas de aprendizajes pero, si estos problemas existen y están acompañados de una lateralidad indefinida, pueden ser la causa del aprendizaje inadecuado dando lugar a peores resultados académicos. Se han relacionado con dificultades en la lectoescritura y en el cálculo.

3. El esquema corporal se va definiendo a partir de los 7 años, cuando la percepción va dando información cada vez más compleja. Pero será a los 11 años cuando se complete el esquema corporal, consolidando el desarrollo psicomotor. Tener concepción de cada una de las partes de nuestro cuerpo nos ayudará a desarrollar la capacidad espacial y la coordinación motora y, por tanto, a tener precisión en distintas destrezas como escribir, pintar o tocar un instrumento.

Diagrama del desarrollo psicomotor

Estos tres componentes o fases del desarrollo psicomotor reflejan la relación entre la parte corporal y la mente. La manera en la que esto se va produciendo es a través de los patrones motores básicos, que serán la base de las habilidades motrices.

PATRONES MOTORES BÁSICOS (2-6 años)
Conjunto organizado de movimientos que implica la movilidad de dos o más partes del cuerpo, que implica control postural, tono muscular y equilibrio.

Arrastre. Patrón contralateral, es decir, que coordina mano y pie del lado contrario. Este tipo de patrones son fundamentales para desarrollar la lateralidad, ya que implica la coordinación de ambas partes del cuerpo.
Gateo. Evolución del arrastre, el niño/a despega su tronco del suelo, aumenta su equilibrio. Esto le permite tener visión tridimensional, como consecuencia de la visión binocular. Este patrón contralateral es fundamental en el desarrollo psicomotor.
Marcha. Se parte de un movimiento desequilibrado en busca de estabilidad y supone el desplazamiento en contacto continuado con el suelo (apoyo doble y apoyo simple).
Triscado. Se encuentra entre la marcha y la carrera, combinando ambos patrones (apoyo sucesivo y apoyo alternando pies).
Carrera. Ultimo de los patrones contralaterales, que supone el paso previo a las habilidades motoras. Es el desplazamiento mediante el apoyo simple y el vuelo.

Los desplazamientos mediante los patrones básicos motores darán lugar a las habilidades motrices básicas.

HABILIDADES MOTRICES (3-11 años)
Conjunto organizado de movimientos que requiere de la conciencia corporal, el control del tono muscular, el dominio espacial y temporal, la respiración y la lateralidad. Por tanto, no será hasta los 6 o 7 años que se empiecen a desarrollar de manera compleja. Según VV.AA. (1998), se clasifican en:

Desplazamientos. Cambiar de un sitio a otra mediante movimientos coordinados. Para que se mantenga en el tiempo necesita control del tono muscular y dominio espacial.
Saltos. Habilidad que supone el despegue del cuerpo de la superficie, quedando suspendido en el aire por un breve período de tiempo.
Giros. Rotación a través de los diferentes ejes corporales. Toma especial relevancia el sistema vestibular (del equilibrio).
Manipulaciones. Manejo de objetos, especialmente en el lanzamiento y la recepción.

Estas habilidades motrices se clasifican en dos, las generales, que tienen que ver con movimientos de la mayoría del cuerpo (psicomotricidad gruesa) y las coordinaciones segmentarias, centradas en los movimientos de partes concretas del cuerpo (psicomotricidad fina), que requieren de más control y precisión. Por tanto, la psicomotricidad se desarrolla desde los primeros años de vida y se completa con el esquema corporal a los 11-12 años. Se encarga del desarrollo de:

Propiocepción o percepción del cuerpo.
Habilidades motoras generales o psicomotricidad gruesa.
Coordinaciones segmentarias o psicomotricidad fina.

¿Qué ocurre en nuestro cerebro cuando hacemos psicomotricidad?

Las principales áreas implicadas en el movimiento son la corteza motora, en el lóbulo frontal, y la corteza somatosensorial, en el lóbulo parietal. Sin embargo no son las únicas, el área de asociación parieto-occipito-temporal, encargada de procesar e integrar la información visoespacial y auditiva, es esencial para saber orientarse espacialmente. Por otra parte, el área de asociación prefrontal será la que controle los movimientos y la encargada de tomar decisiones.

Áreas cerebrales que se activan con la psicomotricidad

La corteza motora se divide en tres partes: la corteza motora primaria, la corteza premotora y la corteza motora suplementaria. La primera necesita poca estimulación para activarse y permite el movimiento sencillo de partes individuales. El homúnculo de la corteza motora primaria asigna cada parte concreta de la corteza a un músculo del cuerpo. En cuanto a la corteza premotora y suplementaria, necesitan de una mayor cantidad de energía para activarse y se encargan de la planificación y articulación de movimientos más complejos. Además, la automatización de los movimientos se registra en los ganglios basales y el cerebelo.

Homúnculo de la corteza motora primaria. Fuente: psicologíaymente.com

Si nos centramos en los aspectos concretos de la psicomotricidad tenemos:

PROPIOCEPCIÓN
Para tener integrada toda la información necesaria para una correcta asimilación de nuestro cuerpo y de su relación con el entorno, es necesario desarrollar el sistema somatosensorial (encargado de registrar la información táctil, el frío, el calor, el dolor…) y el sistema vestibular, que es quien mantiene el equilibrio del cuerpo. El primero se encuentra en la corteza parietal, mientras que el sistema vestibular tiene relación con el cerebelo y con el oído, donde se sitúa el sentido del equilibrio.

PSICOMOTRICIDAD GRUESA
Al realizar patrones motores, se activan la corteza motora, pero en realidad, el proceso es mucho más complejo que la mera actividad del movimiento. Al área de asociación parietoccipitotemporal llega la información visual (del lóbulo occipital), la información espacial (del lóbulo parietal) y la información auditiva (del lóbulo temporal) para integrarse, y así, tomar conciencia de nuestro alrededor y de nuestro propio cuerpo. Con esa información, la corteza motora planifica y articula el movimiento, enviando la orden a la médula espinal y al sistema locomotor.

PSICOMOTRICIDAD FINA
El proceso seguido en las habilidades motoras finas es el mismo que en las gruesas, sin embargo, hay áreas que adquirirán más peso. En la realización de movimientos que impliquen la coordinación ojo-mano u ojo-pie, tomará especial relevancia el área visual (lóbulo occipital) y toda el área de asociación, ya que nos permitirá tener un feedback de la precisión de nuestro movimiento a través de lo que vemos. Por otra parte, la corteza prefrontal se activará en mayor medida para tener un control más específico de los movimientos, ya que son mucho más precisos.

Además de las áreas motoras y de asociación, la zona activada, a través de la psicomotricidad, que adquiere mayor importancia en los procesos cognitivos es el cuerpo calloso. Esta zona situada en la parte más profunda del cerebro es la que coordina las funciones de ambos hemisferios. Al realizar cualquier movimiento, la información de ambos lados del cuerpo debe ser coordinada por el cuerpo calloso, por lo que cuanto más ejercicio físico se hace, mayores conexiones interhemisféricas se establecen y de mayor eficiencia, por tanto, se crean más «puentes» de información, lo que mejora los procesos cognitivos, aumentando, además, la capacidad de memorización.

¿Cómo debemos enseñar psicomotricidad?

Como se ha expuesto anteriormente, las habilidades motrices necesitan una buena conciencia corporal, el control del tono muscular, el dominio espacial y temporal, la respiración y la lateralidad. Realizar tareas orientadas a mejorar todo esto, más allá de la práctica y repetición de las habilidades, supondrá una mejora en las destrezas.

Por otra parte, toma una especial relevancia las habilidades motoras de manipulación de objetos, ya que serán las que deriven en la psicomotricidad fina. Generalmente, se trabajan las coordinaciones segmentarias ojo-mano u ojo-pie, sin embargo, tal como se explicaba anteriormente, para que se produzca una buena consolidación de la lateralidad, debe predominar la mano, el pie, el ojo y el oído de una parte del cuerpo. Por tanto, es imprescindible incluir a este último en el trabajo de las coordinaciones segmentarias.

Además, para la correcta especialización hemisférica, se deben trabajar los cuatros pares por igual (ojo, oído, mano y pie), ya que será el cerebro, ante la estimulación de ambas partes del cuerpo, quien vaya conformando dicha especialización. Por tanto, de manera natural se irá mostrando una predisposición por utilizar una parte del cuerpo más que la otra, pero tenemos que ofrecer la oportunidad de usar ambas.

De todo esto se deducen los puntos clave a trabajar en psicomotricidad:

PRACTICAR LOS PATRONES MOTORES. Para un correcto desarrollo de las habilidades motoras, deben están dominados los patrones motores, de manera previa, por lo que se hace indispensable trabajarlos explícitamente (arrastre, gateo, marcha, triscado y carrera). Sea cual sea la edad, si no se dominan, hay que trabajarlos.

AUTOMATIZAR LAS HABILIDADES MOTORAS. La práctica de las habilidades motoras (desplazamientos, giros, saltos y manipulaciones), supondrá el dominio de las mismas. Sin embargo, para que el proceso de automatice (se haga de manera automática), es recomendable incorporar otra tareas cognitivas (cantar, recitar un poema, realizar operaciones…) mientras se realiza el patrón motor. Esto mejora, además, los procesos cognitivos y aumenta la actividad de la corteza prefrontal, con las funciones ejecutivas (atención, memoria de trabajo, etc.). Por tanto, esto ayuda a mejorar la atención selectiva de manera notable.

JUEGOS COLECTIVOS. El componente social en el aprendizaje es fundamental, los niños aprenden de sus iguales (esto está relacionado con las neuronas espejo). Realizar actividad física en grupo implica tener conciencia de su propio cuerpo y del de sus compañeros/as, así como la distribución espacial y la relación con el entorno de cada uno de los miembros. Por tanto, mejora la capacidad propioceptiva, así como la orientación espacial, a la vez que se fomentan las habilidades sociales.

TRABAJAR AMBAS PARTES DEL CUERPO POR IGUAL. Para afianzar la lateralidad, se deben trabajar ambas partes del cuerpo por igual, de manera que sea el cerebro, al producirse la especialización, el que se decante por el lado derecho o el izquierdo. Además, ofrecer la oportunidad de coger con ambas manos el lápiz, la cuchara o cualquier utensilio, para que sea un proceso natural.

DISCRIMINACIÓN AUDITIVA. Para mejorar la lateralidad en los cuatro ámbitos (ojo, oído, mano y pie), hay que incluir las destrezas auditivas en las coordinaciones segmentarias. Esto, además, mejora la atención y la concentración, así como los procesos de adquisición del lenguaje.

GNOSIAS TÁCTILES. La precisión que se adquiera en el sistema táctil determinará la capacidad de planificar los movimientos. Por tanto, es fundamental trabajar la percepción táctil en los primeros años de vida, de manera específica. Incorporar actividades concretas para ello, mejorará la adquisición de los patrones motores. En el caso de la psicomotricidad fina, toma especial importancia esto.

UTILIZAR ESPEJOS. Esto ayuda a mejorar el proceso propioceptivo, así como al control del movimiento, generando patrones más eficaces.

REALIZAR ACTIVIDAD FÍSICA DIARIAMENTE. Debido a la activación del cuerpo calloso y, por tanto, del aumento de la capacidad cognitiva, es necesario realizar ejercicio físico de manera diaria. Se recomienda, incluso, realizar una pequeña actividad motora entre clase y clase, ya que aumenta la capacidad de adquirir la información a la que se les exponga después. Además, realizar actividades kinestésicas mientras se trabaja contenido de otras materias, aumenta las probabilidades de pasar a la memoria a largo plazo.

Bibliografía

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