Cerebro y lenguaje

El proceso de la adquisición de la lengua es uno de los grandes temas investigados por la comunidad científica y educativa. El lenguaje supone la expresión más compleja de comunicación y está relacionada con la cultura, el aprendizaje, la conducta e incluso nuestra manera de pensar. Los nuevos avances científicos nos permiten conocer los procesos cerebrales que se establecen al comunicarnos y, por tanto, detectar cuáles serán la base para la adquisición de cualquier conocimiento y aprendizaje.

¿Qué es el lenguaje?

El lenguaje es una herramienta de comunicación para comprender y expresar ideas, acciones, denominar cosas, estados de ánimo, etc., a través de un código simbólico. Es una habilidad única y esencialmente humana. En el ámbito educativo, el lenguaje es la capacidad de comunicarnos verbalmente o por escrito.

MODALIDADES

Cuando hablamos de lenguaje, generalmente nos referimos a tres ámbitos distintos:

Habla o comunicación oral (comprensión y expresión). Capacidad de comprender y producir sonidos lingüísticos y utilizarlos para comunicarnos.
Lectura o comprensión escrita. Capacidad de comprender, es decir, interpretar y descifrar, un código escrito mediante la vista. Puede darse mentalmente (en silencio) o en voz alta. Para que haya lectura, no sólo hay una decodificación consistente en la traducción de los símbolos a palabras y frases, sino que éstas deben estar dotadas de significado.
Escritura o expresión escrita. Capacidad de plasmar una idea o pensamiento en un soporte físico, mediante la representación de símbolos o códigos dotados de significado.

El habla es un lenguaje natural. Los seres humanos estamos predispuestos, naturalmente, a adquirir la comunicación oral. Sin embargo, para la lectura y la escritura, deben construirse circuitos o redes neuronales nuevas y, por tanto, es un lenguaje aprendido. Es por ello que, las áreas cerebrales que se activan en los distintos ámbitos del lenguaje, en algunos casos, son distintas. La fase en la que se encuentren los niños dentro de la adquisición de estas destrezas, también determina diferentes activaciones cerebrales; no es lo mismo leer nuestras primeras palabras, que leer un libro cuando ya dominamos la destreza, se activan zonas distintas del cerebro. Saber esto es básico para conocer la mejor manera de aprender a leer y a escribir, así como la edad adecuada para ello.

COMPONENTES BÁSICOS

El lenguaje tiene cinco componentes básicos, conocerlos nos ayudará a estructurar el proceso mental del lenguaje.

Fonología. Se encarga de las características sonoras y estructurales de los fonemas, unidades sonoras más elementales del lenguajes. Por ejemplo: /r/
Morfología (forma parte de la gramática). Se ocupa de las características y estructuras de las palabras, conjunto de uno o más fonemas dotado de significado. Por ejemplo: ratón.
Sintáctica (forma parte de la gramática). Disciplina que se encarga de la organización de las palabras y de cómo se relacionan entre sí para producir frases. Por ejemplo: Antes cabeza de ratón que cola de león.
Semántica. Se ocupa del significado de las palabras. Para entender la frase, hace falta conocer el significado de cada palabra por separado: ratón, cabeza
Pragmática. Estudia cómo se utiliza el lenguaje en un contexto determinado. Es básica para entender el sentido figurado, los dobles sentidos, la ironía, etc. Está relacionado con el contexto en el que se produce el lenguaje, la intención, la motivación, las personas que participan, etc. Por tanto, todos los que intervengan en la comunicación deben tener habilidades pragmáticas similares. Por ejemplo: Antes cabeza de ratón que cola de león es un refrán popular con un significado propio que va más allá de la suma de significados de las palabras y para entenderlo debemos tener habilidades pragmáticas.

¿Qué ocurre en el cerebro cuando utilizamos el lenguaje?

El lenguaje es una función cognitiva muy compleja y, a pesar de que históricamente se ha atribuido a una parte concreta del cerebro, especialmente al hemisferio izquierdo (HI), hoy día se sabe que ésto no es exactamente así. A menudo se habla del área de Broca (HI) y del área de Wernicke (HI), como principales áreas del lenguaje. La primera es la encargada del habla como tal, es decir, de la articulación de las palabras, de ahí que se encuentre próxima a la corteza motora primaria (lóbulo frontal), pues envía la orden de articular, de mover las cuerdas vocales, la lengua, la salida del aire, etc. La segunda es la que se ocupa de la codificación y comprensión de las palabras, en una zona entre la corteza parietal, relacionada con la integración viso-espacial, y el lóbulo temporal, almacén de la memoria. Tiene sentido si pensamos que para comprender las palabras debemos conocer los sonidos (memoria fonológica, asociación de sonido y grafía) y también debemos saber el significado de las palabras que vemos u oímos (memoria semántica).

Hickok y Poeppel (2007), en su modelo de doble ruta, presentan la existencia de diferentes redes más complejas de lo que se pensaba, en ambos hemisferios. Y aunque hay modelos anteriores como el de Damasio (1992), que ya hablaban de los dos hemisferios en relación a la memoria semántica, este último modelo explica mejor la complejidad de los distintos procesos. A pesar de ello, no existe aún un modelo que explique la totalidad del proceso del lenguaje, debido a su complejidad y particularidades.

Si tomamos de referencia los últimos avances nos encontramos con que en cualquier modalidad del lenguaje (habla, lectura o escritura) existen dos rutas diferenciadas: la ruta ventral y la ruta dorsal. La palabra ventral hace referencia, anatómicamente hablando, a lo anterior, a lo de delante, y la palabra dorsal, a lo posterior o detrás. Por tanto, en el cerebro, físicamente, la ruta o vía ventral (VV) es la que está más adelantada en nuestro cabeza y la ruta o vía dorsal (VD), la que se encuentra más hacia la nuca o parte posterior de la cabeza.

HABLA

Cuando nos referimos al habla, entendemos dos procesos inherentes a la comunicación, la comprensión y la expresión.

Comprensión. Cuando escuchamos algo, se activa la corteza auditiva primaria, en ambos hemisferios, para reconocer y registrar la información de ambos oídos. Ésta se conecta con el área de Wernicke (HI), quien establece la relación entre los fonemas (fonología), el orden de los mismos y la palabra que se forma con ellos (morfología y sintáctica). Pero para terminar de comprender las palabras, hace falta buscar en el almacén del léxico o memoria semántica (ambos hemisferios), de ahí que cuando escuchemos casa, en nuestra cabeza se forme la imagen de una casa. A partir de obtener toda esa información (o no, si no conocemos la palabra escuchada), surgen las dos rutas.

Expresión. Nuestro cerebro toma la decisión de hablar, ya bien por iniciativa propia o para contestar a lo escuchado (comprendido).

RUTA VENTRAL, LÉXICA O DIRECTA (VV). Se denomina así porque es la vía que accede al significado de las palabras (semántica) y que, por tanto, es más rápida, al emplear la imagen mental del concepto y no tener que codificar/decodificar los fonemas de uno en uno. Sabiendo lo que queremos decir (semántica en la memoria léxica) y cómo decirlo (fonología, morfología y sintaxis en el área de Wernicke), desde el almacén léxico, se envía la información al área de Broca, quien se encargará de mandar la orden de articulación de las palabras.

Áreas cerebrales partícipes en el habla

RUTA DORSAL, SUBLÉXICA O FONOLÓGICA (VD). Esta vía es más lenta ya que está relacionada con la articulación de las palabras asociada a representaciones fonológicas y no a representaciones semánticas. Es la vía que se emplea cuando decimos pseudopalabras o palabras que no conocemos y que, por tanto, no tenemos la imagen mental en el almacén léxico. El área de Wernicke se conecta con el giro angular (su zona inmediata), que es la que se encarga de relacionar los fonemas, registrando patrones fonológicos (un fonema tras otro). Y ésta se conecta con el área de Broca a través del fascículo arqueado, un haz de fibras nerviosas. Por tanto, podemos registrar una palabra que no conozcamos y repetirla.

LECTURA

La lectura es la comprensión del lenguaje escrito, de ahí su similitud con el proceso de comprensión del habla.

RUTA VENTRAL, LÉXICA O DIRECTA (VV). Los estímulos visuales (lo que vemos) es registrado en la corteza visual primaria y de ahí, accede a la memoria visual y a la memoria semántica. Con un golpe de vista, podemos ver y reconocer la palabra casa sin tener que decodificar grafía a grafía: c-a-s-a. Esto ocurre porque tenemos almacenado en nuestra memoria semántica la palabra, ya la conocemos, dominamos la lectura de la palabra. Por tanto, desde ahí, y en conexión con el área de Wernicke, que se encarga de la comprensión (sintáxis, morfología), se toma la ruta directa o léxica, activándose el área de Broca para articular la palabra, al recibir la información proveniente de la memoria, donde se ha relacionado con la imagen mental.

Áreas cerebrales partícipes en la lectura

RUTA DORSAL, SUBLÉXICA O FONOLÓGICA (VD)). Al igual que ocurre en el habla, cuando nos encontramos con palabras nuevas, que no tenemos almacenadas en nuestra memoria semántica, tenemos que decodificar y codificar, fonema a fonema, grafía a grafía. Por ello, la ruta fonológica es más lenta. El cerebro necesita ir relacionando la grafía con el fonema, a través del área de Wernicke y éste, mediante el fascículo arqueado, envía la información al área de Broca para que articule la palabra. Los lectores nóveles, utilizan esta vía hasta que van almacenando las palabras en la memoria semántica.

ESCRITURA

La escritura es la expresión gráfica del lenguaje, de ahí su relación con la expresión en el habla, pero también con la lectura, pues es inherente al proceso visual que requiere la escritura. La diferencia es que hay una mayor activación de la corteza frontal, que es la encargada del control del movimiento pero también de la planificación y la estructuración del pensamiento.

RUTA VENTRAL, LÉXICA O DIRECTA (VV). Sabiendo lo que queremos decir (semántica en la memoria léxica) y cómo decirlo (fonología, morfología y sintaxis en el área de Wernicke), desde el almacén léxico, se envía la información al área de Exner, quien se encargará de estructurar los patrones motores para la escritura.

Áreas cerebrales partícipes en la escritura

RUTA DORSAL, SUBLÉXICA O FONOLÓGICA (VD). Si no tenemos almacenado el patrón fonológico, la palabra, debemos codificarla grafía a grafía, por ello, el área de Wernicke y el giro angular, generarán ese patrón fonológico y lo comunicarán al área de Exner, que lo transformará en patrón motor. Esta ruta es empleada para palabras nuevas y en los primero años de adquisición de la escritura.

¿Cómo debemos enseñar el lenguaje?

El lenguaje es un proceso continuo y, tan complejo, que se desarrolla a lo largo de varios años. Desde que nacemos y hasta los 7 años, vamos desarrollando el lenguaje en sus cinco componentes (fonología, morfología, sintáctica, semántica y pragmática), marcados por distintos hitos del lenguaje. Éstos nos sirven de referencia para saber en qué momento del desarrollo están los niños y niñas y cuáles son las actividades o tareas que pueden hacer para mejorar y avanzar en ese proceso continuo. De nada sirve aprenderse las reglas ortográficas a los 8 años, porque así lo establece el currículum, si el niño o la niña se encuentra en un hito muy inferior al de su edad y, por ejemplo, no comprende instrucciones verbales largas (adquirido entre los 5 y 7 años). Estas referencias también sirven para detectar posibles trastornos relacionados con el lenguaje o desarrollos madurativos más lentos.

Para desarrollar el lenguaje podemos trabajar en dos ámbitos distintos, por un lado el ambiente, factor clave en el lenguaje por su relación con la socialización y, por otro, trabajando el propio proceso. En el lenguaje natural (el habla), por sus características, se debe fomentar más el acondicionamiento del entorno o ambiente, pues está más relacionado con lo social. En el caso del lenguaje aprendido (lectura y escritura), por razones obvias, será más necesario ahondar en el proceso.

Habla

Comprensión oral (CO) y expresión oral (EO)

AMBIENTE

Relacionarse con sus iguales, jugar, interactuar, compartir juguetes, colores, materiales, etc. La necesidad es el mejor elemento para propiciar la expresión.
– Tener roles dentro de un grupo. Esto hace que se establezca relación entre nuestras acciones y lo que expresamos, jerarquizando la información.
– Brindar oportunidades para expresar ideas, pensamientos y necesidades, serán las primeras comunicaciones.
– Establecer normas de comunicación, esto hace que se detecten los distintos elementos de la comunicación (emisor, receptor, etc.) y favorece una comunicación más eficaz.

PROCESO

Fonológico.

– (CO) Aprender a reconocer fonemas mediante juegos o dinámicas: dar una palmada (saltar, levantar la mano, girarse, etc.) al escuchar el sonido /a/ en la palabra ratón, en la palabra taburete
– (EO) Para trabajar este componente es necesario desarrollar los órganos bucofonatorios (lengua, labios, mejillas, mandíbula…), por ello es muy importante el trabajo de las praxias faciales.
– (EO) Imitar sonidos, entonaciones, interpretar, onomatopeyas, etc.
– (EO) Trabajar la dicción, es decir, la producción de los sonidos. Vocalizar, tomarse un tiempo para pronunciar los sonidos más complejos, dar instrucciones explícitas sobre cómo colocar la lengua o la boca en la producción del sonido. Se puede hacer a través del juego: patrones rítmicos silábicos que, además, mejoran la memoria auditiva, por ejemplo: ra-re, el siguiente repite y añade una sílaba con /r/, ra-re-ro, el siguiente repite y añade, ra-re-ro-ra, etc.
– (EO) Desarrollar la conciencia fonológica, es decir, la correcta separación de sílabas y palabras, mediante juegos como la palabras encadenadas o dando palmadas por cada golpe de voz de las palabras (sílabas).

Morfológico-sintáctico.

– (CO y EO) Ampliar frases. Se plantea una frase de tres o cuatro palabras y deben ampliarla. Otra opción es hacer frases entre varios, ampliándolas de manera colaborativa.
– (CO) Ordenar las secuencias de una historia.
– (EO) Crear frases con condiciones (que tenga un verbo/acción, que haya un personaje/sujeto, que haya varias personas, etc.)
– (EO). Responder a las preguntas: ¿quién? ¿qué? y ¿dónde? para estructurar una historia.

Semántica.

– (CO y EO) Clasificar las palabras en familias (animales, plantas, profesiones, etc.).
– (CO y EO) Adivinar palabras siguiendo pistas (dando características).
– (CO y EO) Detectar el intruso en una lista de palabras, es decir, el que no pertenece a su misma categoría.

Pragmática.

Interpretar gestos. Mediante apoyo visual, detectar los distintos estados de ánimos.
Normas de comunicación de manera explícita: turno de palabra, pedir aclaraciones, etc.
– Gestionar la frustración y aceptar las críticas, así como la opinión de los demás. Trabajar esto explícitamente.

En el lenguaje aprendido (lectura y escritura) toma especial relevancia la madurez cognitiva del niño/a, es decir, debemos crear circuitos y redes neuronales nuevas y, por tanto, necesitamos partir de una buena base, de una buena «infraestructura neuronal» que nos permita crear caminos nuevos. De otra manera estaríamos forzando el aprendizaje con un incremento del esfuerzo y desgaste psicológico para el niño/a, que podría ser contraproducente. Las circuitos básicos y previos a la adquisición de la lectura y la escritura son aquellos que permiten un desarrollo y consolidación de la lateralidad, esto es la correcta especialización de los hemisferios cerebrales. Es decir, si se es diestro, el hemisferio dominante es el izquierdo, por lo que el ojo, el oído, la mano y el pie, deberán ser más habilidosos en la mitad derecha del cuerpo. Esto ocurre cuando los hemisferios han consolidado sus funciones, entre los 6 y los 7 años. Por tanto, será esta edad la ideal para adquirir el lenguaje aprendido; sin embargo, es imprescindible el trabajo en las edades previas, en cuanto a praxias, gnosias, orientación espacial y destrezas motoras, psicomotricidad.

Lectura

Comprensión escrita (CE)

AMBIENTE

– Escuchar cuentos de diferentes formatos: títeres, cuentos ilustrados, teatros, cuentos de tres dimensiones, etc. Esto hace que se fomente el gusto por la lectura.
– Participar en lecturas compartidas. Interpretando personajes e interactuando con otros compañeros, cantando, repitiendo frases, etc. Potencia el aspecto social de la comunicación, a la vez que puede ser motivador.
– Distinguir las partes de un cuento (ilustraciones, texto, título, etc. ). Esta fase de observación, aunque no se tenga adquirida la lectura, favorece la orientación espacial y la estructuración de la información (si la imagen ocupa toda la página es porque es importante en el cuento).

PROCESO

Fonológico.

– Aprender a reconocer grafemas (letras escritas, representación de los fonemas). En este punto es muy importante la percepción táctil; si los niños tocan letras, las dibujan o las repasan con los dedos, se estarán estableciendo patrones motores que ayudarán a formar la imagen mental de la letra. Este es un proceso previo a la lectura como tal.
Detectar los grafemas en una palabra o un texto, rodeándolos o señalándolos de alguna manera, o jugar a encontrar las letras perdidas, escondiendo diferentes letras por la clase y teniendo que buscar una en concreto.
– Desarrollar la conciencia fonológica, es decir, la correcta separación de sílabas y palabras, presentando frases sin espacio donde hay que separar las palabras correctamente.
Crear palabras con letras dadas, con algún juego tipo Scrabble.
– Fomentar la memoria verbal para ir ganando paso a la ruta directa o léxica e ir abandonando la fonológica. Para eso, trabajar con vocabulario de uso frecuente y rotular los objetos.

Morfológico-sintáctico.

Ampliar frases. Se plantea una frase de tres o cuatro palabras y deben ampliarla. Otra opción es hacer frases entre varios, ampliándolas de manera colaborativa.
Continuar la historia, inventando un final alternativo.
Ordenar las secuencias de una historia.

Semántica.

Clasificar las palabras en familias (animales, plantas, profesiones, etc.).
Adivinar palabras siguiendo pistas (dando características).
– Detectar el intruso en una lista de palabras, es decir, el que no pertenece a su misma categoría.
– Reconocer la palabra que corresponde al dibujo. Esto favorece la memoria semántica. La lectura con pictogramas es un buen método de iniciación a la lectura.

Pragmática.

– Sacar la moraleja de los cuentos. Aprender a analizar más allá de lo literal.
– Detectar bromas, errores o inferencias en un texto.
– Trabajar el lenguaje figurado, así como analizar la intención del escritor (carácter persuasivo del lenguaje).

Escritura

Expresión escrita (EE)

AMBIENTE

– Realizar escritura compartida, como puede ser inventarse una historia entre varios, crear una enciclopedia de animales o un diario de clase.
– Fomentar un ambiente lúdico para facilitar la escritura, por ejemplo, con el juego simbólico: ir al supermercado y tener que hacer la lista de la compra o crear la carta de un restaurante.
– Observar diferentes fuentes de escritura y experimentar, dibujar y crear sus propias grafías, por ejemplo, imitar la letra de Miró o Picasso.
– Distinguir letras, números y símbolos, mediante la observación de cuentos y sus partes.

PROCESO

Fonológico.

– Aprender a escribir grafemas (letras escritas, representación de los fonemas). En este punto es muy importante la percepción táctil; si los niños tocan letras, las dibujan o las repasan con los dedos, se estarán estableciendo patrones motores que ayudarán a formar la imagen mental de la letra y a la futura escritura de la misma. Este es un proceso previo a la lectura como tal.
Grafomotricidad, es decir, adquirir patrones motores para la escritura de las letras, repasándolas primero con diferentes tipos de lápices y, cuando está dominado el trazo al repasar, escribir autónomamente, pero con orientación en una cuadrícula.
– Desarrollar la conciencia fonológica, es decir, la correcta separación de sílabas y palabras, presentando frases sin espacio donde hay que separar las palabras correctamente.
Crear palabras con letras dadas, con algún juego tipo Scrabble.
– Fomentar la memoria verbal para ir ganando paso a la ruta directa o léxica e ir abandonando la fonológica. Para eso, trabajar con vocabulario de uso frecuente y rotular los objetos.

Morfológico-sintáctico.

Ampliar frases. Se plantea una frase de tres o cuatro palabras y deben ampliarla. Otra opción es hacer frases entre varios, ampliándolas de manera colaborativa.
– Ordenar
las secuencias de una historia.
Crear frases con condiciones (que tenga un verbo/acción, que haya un personaje/sujeto, que haya varias personas, etc.)
– Responder a las preguntas: ¿quién? ¿qué? y ¿dónde? para estructurar una historia.

Semántica.

Clasificar las palabras en familias (animales, plantas, profesiones, etc.).
Adivinar palabras siguiendo pistas (dando características).
– Detectar el intruso en una lista de palabras, es decir, el que no pertenece a su misma categoría.
– Ponerle nombre al dibujo. Esto favorece la memoria semántica.

Pragmática.

– Incluir una moraleja en una producción propia.
– Incluir bromas, errores o inferencias en un texto.
– Incorporar lenguaje figurado, así como expresar una intención al escribir (carácter persuasivo del lenguaje).

Alguna recomendación…

El origen del lenguaje. Programa Redes. 2TVE

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